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Huellas en el camino

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , jueves, 8 de agosto de 2013 13:29

    Sin previo aviso y a mitad de camino, los pasos de quienes la acompañaban pararon en seco, llevadas por el miedo y el cansancio, la fatiga de la lucha. Apenas se dio cuenta antes de haber recorrido un estrecho y angosto sendero a solas. “No volveré la vista atrás, jamás”, se había dicho al partir, y así había hecho hasta entonces. Siempre hacia adelante, siempre sin detenerse. Cada músculo de su cuerpo había gritado hasta que sus oídos no habían podido percibir otro sonido, hacía tiempo que se había quedado sin lágrimas, que los recuerdos ya no conseguían herirla de tan gastado como tenía el corazón.
    El sonido de dos pares de pies fue sustituido por el de un solo par, pesado, cansado, decidido a seguir avanzando. Podría haberse derrumbado cada vez que alguien la había abandonado, podría haber desistido y haberse parado, podría haber vuelto sobre sus talones y revertir el camino que llevaba siguiendo tanto tiempo. Podría, pero no lo había hecho, y por ello no lo haría jamás. Otros podían haberse derrumbado, podían haber desistido y haberse parado, podían haber vuelto sobre sus talones. Pero no ella. No ella.
    Caminando en silencio, siempre en silencio, ocupado el vacío con sus propios pensamientos, había recorrido espacio y tiempo, a un lado y otro de la línea, había jugado con fuego, reído y llorado a la luz de la luna y atrapado las estrellas en sus suspiros de melancolía. Había construido con sus pasos un camino a través de dos mundos tan diferentes como incompatibles, había luchado contra las sombras y el reflejo de la muerte en sus pupilas, había combatido la esencia misma del ser humano, y había vencido.
    Aquella mujer no huía, aquella mujer buscaba. Buscaba en los confines de la realidad, las huellas en el camino que tiempo atrás habían dejado para ella. Buscaba las huellas en el camino de un viajero del tiempo perdido entre las redes de su propia esencia. Sin descanso, sin vuelta atrás.
    La mujer que había muerto y había vuelto para esperar.

Un puente sobre el mar

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , miércoles, 10 de julio de 2013 13:35

    Un puente es un atajo, un camino a la desesperada sobrevolando los obstáculos. O al menos eso pensaba. Los tablones de madera crujían, resollando entre quejidos, bajo el peso de mis pisadas dudosas. No quedaba nada de valor a mis espaldas, nada más que lágrimas y dolor, la profunda oscuridad corriendo como el agua entre mis dedos. El tacto de las cuerdas deshilachadas en mis manos quemaba, como los rescoldos de una llama de la que solo quedan cenizas. Las astillas en las plantas de mis pies eran lo único que me recordaba que podía sentir algo, que aún quedaban unos últimos y lastimeros latidos.
    Apenas me di cuenta cuando faltó la madera bajo mis pies, o la cuerda entre mis dedos. Tampoco me importó.


    Un puente es un atajo, un camino a la desesperada hacia la meta que nunca te atreviste por ti mismo a alcanzar. Aquel puente fue mi atajo. Como el agua que entre los dedos corre, y en corrientes va a parar, como el agua terminé en aquel puente sobre el mar.

A dare at the depths

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , jueves, 9 de mayo de 2013 19:01


    Wish my whisper was heard over the silently silence. Solitude is only solved by imagination now that there is no opportunity for me to find a fire-side to stay. Guess I heard a snake, but be silent, there is no one in the immensities of the wild woods. Could it be? I’m sure I heard a human sound. Humble home, there’s no way to go.
    They're here, hungry and harsh as a humble bee. I’m a host with no home, an alien prey. It seems the stars are sad now that there’s no turning back, when I say goodbye. If only I were human, my death would not be a dare for them at the depths.

Letras grabadas

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , martes, 7 de mayo de 2013 15:04


    Contemplo ensimismada el negro de vuestros nombres, grabados uno junto al otro. Al otro lado de la piedra se descompone la eternidad. He tratado de escribir todos y cada uno de los días que han pasado desde entonces lo que pienso y lo que siento, pero esta es una de esas cosas en la vida para las que no existen palabras en ningún idioma que expresen la añoranza y el anhelo, que sean capaces de contar todo lo que fue y lo que ya nunca será.
    Solo quedan en vuestra memoria unas letras grabadas en un mármol blanco sellando vuestro descanso. Y en cada una de esas letras están vuestros recuerdos juntos, toda una vida, todo el amor que os profesásteis y el cariño que nos disteis a nosotros.
    En esas contadas letras grabadas se resume vuestra vida y vuestra muerte. Yo seguiré cada día tratando de hallar las palabras que necesita mi pluma y el valor en mi corazón para honraros como merecéis, pero sé que nada que salga de mis torpes manos os hará justicia.
    Ahora sois almas inmortales. Y no se puede capturar un alma inmortal, ni tan solo con el más inmortal de los artes.

De color azul

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , martes, 30 de abril de 2013 21:23

    Como un artista con su paleta, el mundo se dibuja a sí mismo con colores. Sobre la tierra marrón y la verde hierba fresca que pisan tus pies se extiende la bóveda celeste. El dorado del Sol se esconde a veces bajo el gris ennegrecido de las nubes que traen con ellas la fresca lluvia, y hay momentos en que ambos dibujan en el firmamento todos los colores juntos, todos los colores en armonía, y el arcoiris se pasea frente a nuestros ojos. En el negro de la noche brilla la Luna de plata, rodeada de estrellas de un blanquecino brillo parpadeante. Cada segundo hay cientos de miles de rosadas vidas en el mundo. Vidas rosadas que reciben flores lilas, amor con flores rojas, habitaciones blancas o verdes donde el color parece perder vida. Y la Muerte, la que siempre hemos creído ser reina de la oscuridad, la Parca vestida de negro, no lo es tal. No es más que un simple momento en que el color cambie y se pierde. El rojo de tu sangre se emblanquece, tus ojos se oscurecen y languidecen, tus labios pierden el sonrosado que tuvieron desde el primer momento de tu vida y el aliento se te escapa entre ellos. Arrancado de tu cuerpo el elemento de la vida, una vez que ha fluído de tu cuerpo el aliento, tu piel por un momento tiene ese color, antes de quedarse fría y pálida y muerta. Así es la Muerte al fin y al cabo. De color azul.

Here lyes

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , sábado, 27 de abril de 2013 19:42


    Here lyes the lake my tears left on the ground. Here lyes the shade of the years that passed by. Here lyes, at the end of the path, scarlet grief and silver sorrow. Here lyes the end and the silence, covered by the light earth which will keep inside the secret all unknown.
    Take care of broken memories, of deep cries never going out. Waiting is part of our lives asit must be now part of your goodbye.
    Here lyes the last time you hold ud with a smile. Here lyes the love you could not save. Here lyes the golden sun at Heaven's door.
    Here lyes your life.

Guerra entre recuerdos

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , martes, 9 de abril de 2013 21:13

-¡Corre! -gritó, pero su voz quedó silenciada bajo el ensordecedor estallido de una granada de mano lanzada por el enemigo. La cercanía de la explosión le empujó de cara contra el suelo, quebrándose su máscara de gas. Se la quitó lo más rápido que pudo, tratando de recuperar el equilibrio mientras un fuerte pitido mermaba su capacidad auditiva.

    -¡Chico! -llamó, tanteando el suelo con las manos, buscando una fuerza que no tenía para levantarse y seguir luchando.
    No podía ver más que siluetas ni escuchar más que los quejidos de sus compañeros. Buscaba entre la polvareda unos cabellos ahora grisáceos que, antes de haber sido enterrados entre suciedad y miedo, habían sido del rojo intenso de una fogata ardiendo en el frío silencio de la noche. La tierra tembló bajo su cuerpo con la inminencia de un nuevo ataque. Entre temblores y sacudidas consiguió ponerse en pie, a duras penas, y avanzar entre la polvareda. Tosía descontroladamente y agitaba las manos en vano tratando de encontrar sano y salvo al chico.
    Cuando poco después la polvareda empezó a disiparse y los ojos azules inyectados en sangre fueron capaces de poner nombre a las siluetas que se dibujaban a su alrededor, sintió clavarse en su nuca los numerosos ojos enemigos que los habían estado acechando durante días. Estaban bajo su mira, indefensos y sin posibilidad de escapar. Pensó en correr, en huir, en suplicar, pero sabía con total certeza que nada de eso le mantendría con vida más que unos segundos.
    Recordó a su esposa, a sus dos hijos que esperaban allá muy lejos, al otro lado del charco. Agradeció a Dios que no tuvieran que sufrir aquella guerra, aquella pobreza y aquel hambre, la desesperación y la desesperanza que todos ellos habían visto y vivido desde que pusieron un pie en Europa. Aquella no era su guerra, no era la guerra de su patria, pero lo había entendido demasiado tarde para echarse atrás y volver a casa. Dedicó un sentido pensamiento al chico que le había acompañado durante el viaje, que le había hecho más fácil el vacío que sentía, que había sido como un hijo, y pidió que se acabaran para él la pobreza y el hambre, la desesperación y la desesperanza. Era demasiado joven para sufrir tanto como ya había sufrido.  
    No pudo entender las órdenes de los enemigos, ni le hacía falta para saber que había llegado su fin. Pronto la tierra se bañó de la sangre de sus camaradas, el aire se llenó de sus gritos de dolor.
    Solo derramó una lágrima cuando sintió aquel intenso frío atravesándole el pecho, no gritó ni se revolvió cuando perdió el control de su cuerpo. No maldijo a sus asesinos con sus escasas fuerzas, ni deseó su derrota. Solo deseó haber podido ver una vez más a su familia, decirles que murió por ellos, para asegurarles un futuro en el que no hubiera más muertes en vano por guerras sin sentido, un futuro en el que pudieran estar a salvo.
    En el fragor de la batalla, o más bien de la matanza, pudo distinguir aquellos cabellos rojo fuego, aún con vida, aún a salvo. Entonces y solo entonces cerró los ojos, gastando entre recuerdos su último aliento. La guerra había acabado para él.

No te rindas

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , miércoles, 2 de mayo de 2012 15:47


     Hace seis años que nos despedimos amargamente de la persona que te amó toda su vida. Estuviste a su lado a pesar de todo, de los malos ratos, los esfuerzos malgastados y los llantos a escondidas. Lo diste todo a pesar de que sus ojos no eran capaces de reconocer en ti a la mujer de su vida, y de que sus palabras antes sensatas habían sido transformadas en la visión de una loca mente enferma. Nunca apartaste tu mano, y tu rostro irreconocible para él fue lo último que quedó grabado en su mente antes de cerrar los ojos por última vez.
     Fuiste fuerte entonces, fuiste fuerte en la soledad, y más fuerte eres ahora que tú misma te enfrentas a la muerte. Ha querido el Destino jugar contigo de manera cruel y llevarte ante el tribunal de la Parca de la misma forma que se lo llevó a él. La misma enfermedad corrompe tus entrañas y te intenta arrancar segundo a segundo la vitalidad de que presumías. De nuevo cara a cara con la enfermedad sin cura, permaneces fuerte, de pie, haciendo frente al embate que te golpea. De nuevo cara a cara con la rocambolesca visión de la corrupción y la debilidad de la humanidad, te has hecho fuerte y has luchado.
     Sabes que, igual que él tuvo tu mano como apoyo y nuestro amor hasta el final, jamás nos separaremos de tu lado. Seremos, todos nosotros que te queremos, el bastón que te ayude a caminar, la cama que te ayude a descansar, la mano que te acompañe en la batalla. Porque aunque tú tengas que luchar, nosotros no te abandonaremos a tu suerte.
    Sé fuerte, un poco más, y demuéstrale a esa enfermedad manejada por el Destino que esta batalla no puede ganarla y que saldrás victoriosa entre abrazos y besos de todos los que te queremos.
    No te rindas, abuela.

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