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Huellas en el camino

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , jueves, 8 de agosto de 2013 13:29

    Sin previo aviso y a mitad de camino, los pasos de quienes la acompañaban pararon en seco, llevadas por el miedo y el cansancio, la fatiga de la lucha. Apenas se dio cuenta antes de haber recorrido un estrecho y angosto sendero a solas. “No volveré la vista atrás, jamás”, se había dicho al partir, y así había hecho hasta entonces. Siempre hacia adelante, siempre sin detenerse. Cada músculo de su cuerpo había gritado hasta que sus oídos no habían podido percibir otro sonido, hacía tiempo que se había quedado sin lágrimas, que los recuerdos ya no conseguían herirla de tan gastado como tenía el corazón.
    El sonido de dos pares de pies fue sustituido por el de un solo par, pesado, cansado, decidido a seguir avanzando. Podría haberse derrumbado cada vez que alguien la había abandonado, podría haber desistido y haberse parado, podría haber vuelto sobre sus talones y revertir el camino que llevaba siguiendo tanto tiempo. Podría, pero no lo había hecho, y por ello no lo haría jamás. Otros podían haberse derrumbado, podían haber desistido y haberse parado, podían haber vuelto sobre sus talones. Pero no ella. No ella.
    Caminando en silencio, siempre en silencio, ocupado el vacío con sus propios pensamientos, había recorrido espacio y tiempo, a un lado y otro de la línea, había jugado con fuego, reído y llorado a la luz de la luna y atrapado las estrellas en sus suspiros de melancolía. Había construido con sus pasos un camino a través de dos mundos tan diferentes como incompatibles, había luchado contra las sombras y el reflejo de la muerte en sus pupilas, había combatido la esencia misma del ser humano, y había vencido.
    Aquella mujer no huía, aquella mujer buscaba. Buscaba en los confines de la realidad, las huellas en el camino que tiempo atrás habían dejado para ella. Buscaba las huellas en el camino de un viajero del tiempo perdido entre las redes de su propia esencia. Sin descanso, sin vuelta atrás.
    La mujer que había muerto y había vuelto para esperar.

Melodía de despedida

Publicado por Hola Holita, Vecinillo , miércoles, 22 de agosto de 2012 16:47

    Una sonrisa quebrada adornando su rostro. Unos ojos apagados que se quieren cerrar. Una voz que no quiere pronunciar palabra. Una gota de sangre que recorre desganada cada vena y arteria desde un corazón débil que apenas es capaz de latir a destiempo. Una lágrima de hielo que resbala hasta chocar, impetuosa, contra el suelo.
    Dulce cadencia bajo sus dedos, entre un vaivén de recuerdos superpuestos. Abrupto arranque de una voz rota que entre quejidos una melodía entona. Silencio que recoge el sonido de un lamento entretejido de tormento, y unos ojos que se esconden y escuchan en la oscuridad del momento. Unos ojos risueños que se apagan al sonido de la despedida, un alma que se consume entre barrotes opresores.
    Libertad que se escapa a reunirse con la CODA, ojos que lloran escondidos y se marchan con la aurora. Nunca deja el corazón hastiado que otro escuche su ritmo pausado, pero esta vez es diferente, esta vez será la última que esos ojos risueños que se enmarcan en un rostro de porcelana olvidada se posen sobre los dedos paseando sobre el marfil. Esta vez será una despedida que termina con una única nota y un suspiro, un último rechinar de la madera a las espaldas de la pianista.
    Vuela libre, alma descarriada, vuela libre con el viento, que las teclas de este piano se cubrirán de polvo y estas manos se harán viejas sin escuchar de nuevo su sonido, hasta que tus ojos enrojecidos y tu respirar casi inaudible, tu risa aletargada y tu voz ahora cambiada regresen a esconderse a la espalda de quien te añora.

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